Ahora no me tengo
pena ni envidia ni orgullo ni admiración. Ahora, con claridad, no me tengo.
Pero lo mismo si me tuviera no me tendría pena ni envidia ni orgullo ni
admiración.
En un tiempo
pluscuamperfecto, he descubierto unos sentimientos que son como habladurías,
unas fuentes tan lejanas que, con los años y las tardes, han devenido estas
frescas transparencias, tercos espejos por cuyo filo innato las personas se confiesan sus discursos, y, por debajo de sus
discursos, y a veces incluso por el medio, los puntos y comas de esos discursos.
Ahora tiene sentido
que yo haya dicho: sentimientos que son como habladurías. Ahora tiene
sentido no solo que lo haya dicho, sino que lo haya callado antes para decirlo
ahora. Hay entonces dos cosas: sentimientos y fuentes. Los sentimientos son
como habladurías. Las fuentes cuando florecen son autoconscientes, y a la vez
que autoconscientes, cristalinas.
Entonces, cuando
el agua ya está sana, es síntoma también de que está inasible.
Entonces, cuando
el agua ya está sana, es síntoma también de que está inasible.
La realidad no está
hecha de humo.
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