"H”e toca empezar con la letra H. Ya puedo decir entonces que correspondo a mis eructos, que
soy bueno en esto y malo en esto otro. La víspera de antes de ayer, que hace 22
días fue el mañana, pensé que a lo mejor nada tenía una viga sobre la cual
sostener su peso. Pensé que las torres no tenían columnas, que las mesas no tenían
patas, pensé que me llamaba Santiago. A las 2 y 46 am (y el tiempo no sabe que
lo nombro) me reconozco más en mi colchón que en esto que escribo. Veo en cada
palabra (estoy buscando una imagen) lo que no veo en los bosques de Karandirú,
porque nunca he viajado. Una manzana que es de cera está ahí. Vive mucho la
manzana que es de cera. Está en este lado del mundo. Yo, con todos mis
accesorios encima, me situo con respecto a ella. Me gusta tener referentes
porque me reconozco más en sus dimensiones espacio-temporales que en mi partida
de nacimiento o mi matrícula; es decir, puedo anotar: ella con tales y tales características,
yo con tales otras, y coincidimos ambos en que tenemos características. La figura
que veo de mí en ella me hace creer que el color existe y a través de esto
pienso que acaso hoy ya no esté soñando.
El único eventual problema es que anticipándome a lo que
retrotraes (esto lo escribí cuando era chiquito) la víspera de antes de ayer no
haya sido hace 22 días sino antes bien 45, de manera que podría postular que ni
la cera ni yo, Santiago, somos predicables a partir de algo. Porque en ese
caso, si ponemos a la realidad en una balanza de polietileno, seguro no va a
pasar el kilo y medio. Yo sé que a ella (ahora me pongo hablar de Lo Real) no
le gusta que la estén cargando como quien
lleva bolsas al mercado, pero tomando en cuenta su dieta irrestricta nos
vemos obligados a hacerla tomar conciencia de su complejo. Todo lo real padece
de bulimia, menos yo, claro está, que peso aproximadamente la mitad de su peso
dividido entre dos.
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