lunes, 21 de febrero de 2011

Dos

En el universo espacio-temporal hay solamente
dos cosas
La primera es la demostración de que hay tres
La segunda es la constatacion de que hay más.

En esta fibra de vientre y guerra hay solamente
dos cosas
Ustedes son la constatación de que hay una
Nosotros la demostración de que no hay.

Pero en cualquier caso, hay solamente
dos cosas
Nosotros las negamos o afirmarmos
Pulcra llama de martillos
Pero no somos nunca ambas.

Ellos, solamente Ellos son las dos
Afuera al filo de ventanas
Pensemos en Ustedes y en Nosotros como Ellos
Pensemos en Nosotros como Ellos
¡Vamos, júntense!
Seamos, pues, dos
Distanciémonos

jueves, 3 de febrero de 2011

La tónica mucosa

Diagnóstico
“Usted me podría explicar, ¿por qué tengo la oreja roja la mayor parte del día?” “Lo siento, su Majestad, la verdad es que no lo sé, pero en el pueblo se rumorea que en los próximos días llegará un mago muy hábil”. “¿Podrá absolver mi duda?” piensa el Rey en voz alta. “Pues bien, lo quiero en mi despacho apenas llegue”. “Pierda cuidado, su Majestad. Yo, personalmente, me encargaré de que sus órdenes sean cumplidas”.
“¿Alguien le comentó por qué me urgía verlo?” “No, pero sospecho porqué. Quisiera empezar diciéndole que no tengo la solución para su malestar, aunque sí conozco su causa y le puedo hacer algunas recomendaciones”. “¿De qué habla?” preguntó el Rey sorprendido. “¿Cómo, es que ya olvidó por qué me mandó llamar?... Pues a eso me refiero”. “Bueno, pues, entonces, dígame usted a qué se debe”. “Guarde silencio un momento… ¿oye algo?” “Sí”. “Bueno, ya veo que tendré que explicarle todo. Debo comenzar diciendo que el mal que usted sufre es, actualmente, la principal causa de muerte en la mayor parte de los imperios del otro lado del Desierto. Sin embargo, de acuerdo con lo que me informaron sus súbditos, hace mucho tiempo que su oreja se encuentra en ese estado, por tal motivo yo diría que las probabilidades de muerte son escasas. Por lo que he escuchado hablar a sus servidores y tras haber investigado sobre sus antepasados, me llamó la atención un hecho bastante peculiar: su bisabuelo, el Rey Cristóbal, ordenó hace aproximadamente setenta y siete años, luego haber padecido el mismo mal que usted describe, y después de haber sido aconsejado por mi propio bisabuelo, cortar la lengua de cada uno de sus sirvientes y de los campesinos del pueblo. Como usted observará, si bien el diagnóstico de mi bisabuelo fue el correcto, el remedio que recomendó conllevó un alto costo social. La solución que yo propongo es, al igual que la de mi bisabuelo, infalible. Sin embargo, debo tener su consentimiento…” “Usted no debe consultarme nada, con tal de que me haga sentir mejor”. “Bueno, entonces, ya que usted me ha brindado su respaldo y ha manifestado su conformidad, procederé a…” “¿Cómo dice?”.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Trescientos ochenta y dos g.

Vine del taxi herrero mascullando ronchas químicas
Y me bajé en el paradero de una vértebra ausente.

Del taxi al puente nulo de Dios
Del puente nulo al cero
Del taxi a la capital performativa del cero yo domestiqué
La más ruda inclinación del viento.

Y a lo largo de esta ruta inane vi
El jjjadeo de un poste que era la inflexión de un método
Una cosa simple cuya sombra asemejaba
La instancia pública de una estrella.
Vi el ancla dócil sobre un lomo
Y vi esta vista que veía su vista viendo.

Vine de un taxi copulante y me bajé en la esquina.
Pero antes de bajar hube de preguntarme si
Advertí entre todo ello una pasta rotunda del corazón
Que haga de mí
Una cuota
Un pedazo lítico de sangre.

Libro de las opiniones

Me imagino un estado vacio (estado del mundo diría Carrol). Lo cargo para no convertirme en policía, u abogado. Sopesando sus contrariedades de aguijón, zumbo de advertir que ya no es yo quien lo tengo por encima de mis hombros sino él quien me tiene por debajo de sus piernas. Las cosas, hemos debido eructar antes de aprender a hablar, solo se nombran a sí mismas, lo mismo que un acusado señalándonse culpable. Pero lo cierto es que no hay culpable más allá de la sala de juzgados, el papel y las actas, los barrotes. Cuando el monstruo de Armendáriz vaya retornando a su hogar, dulce calor de hogar, se va comer, tragar, su plato de comida, papel higiénico "Suave", hace frio y por eso su chalina y medias de lana marrón. Lo que quiero decir (lo que desquiero en realidad) es que el monstruo se teje chompas, que ama a su mujer, que la cárcel, muy adentro de su corazón, no significa más que el desayuno, que no toma.

Postumamente, me refiero a todo aquello que por ser real es de terciopelo, y brilla, y huele a pescado, y tiene además la forma de un mortero a falta de mejor nombre. Basta, me lo dijo mi profesor de interdisciplina, un puño que brota del horizonte, un derramar agua descocida por sus telas, que es su piel, un desclavar los otros puños contenidos en él, que son su vigas, un sembrar una esperanza normal, que es el signo precedente de lo anormal, cosas que digo cielo, digo oreja, digo mañana me cambio, y me falta el nombre, el quedar callado.

Lo que busco se encuentra solo.