miércoles, 7 de diciembre de 2011


Las profundidades son multitudes.
Las multitudes son la dicción efervescente de una duda: su punto de ebullición.
El lenguaje de las multitudes es el farfulleo o el rumor previo a la celebración de la duda: el barullo.
Las profundidades son el barullo o el punto de ebullición: el balbuceo, carca del lenguaje, las multitudes vanas que se concentran en masa bajo esos mástiles que llamamos ideas,  celebrando  el flameo  de una bandera ausente.
Somos el punto de ebullición en que la duda se absuelve   

PRO- NUN- CIAN- DO

Aquí nos juzgan balbuceantes y reñidos, sin trabajo. Pero Allá, les juro, somos claros y eficientes, prístinos. 

Ay, Terca tierra de bisontes, donde la multitud se postra  frente a su propio hervor.
¡Vamos! ¡Muge!  Solo ante ti somos llanos.
 Solo tú comprendes este ardor.

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