Las profundidades son multitudes.
Las multitudes son la dicción efervescente de una duda: su
punto de ebullición.
El lenguaje de las multitudes es el farfulleo o el rumor
previo a la celebración de la duda: el barullo.
Las profundidades son el barullo o el punto de ebullición:
el balbuceo, carca del lenguaje, las multitudes vanas que se concentran en masa
bajo esos mástiles que llamamos ideas,
celebrando el flameo de una bandera ausente.
Somos el punto de ebullición en que la duda se absuelve
PRO- NUN- CIAN- DO
Aquí nos juzgan balbuceantes y reñidos, sin trabajo. Pero
Allá, les juro, somos claros y eficientes, prístinos.
Ay, Terca tierra de bisontes, donde la multitud se
postra frente a su propio hervor.
¡Vamos! ¡Muge! Solo
ante ti somos llanos.
Solo tú comprendes
este ardor.
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